El colectivo «Aceleracionismo Amazónico» es un grupo heterogéneo de investigadores de la ciudad de Belém, Brasil. Su objetivo es investigar y publicar textos sobre la relación entre la filosofía de la tecnología, el aceleracionismo, las cosmovisiones de los pueblos tradicionales de la región amazónica desde las perspectivas de la antropología, la historia, el derechoyla propia filosofía. El colectivo se fundó en el 2025 en el contexto de la COP30, que tuvo lugar en el centro urbano de la Amazonía brasileña, en la ciudad de Belém. Sus textos están publicados en: https://medium.com/@aceleracionismoamazonico
Por Ricardo Evandro S. Martins
En uno de los capítulos de su libro Against Progress (2025), Slavoj Žižek propone un interesante concepto de aceleracionismo: «El aceleracionismo, una forma reciente de determinismo histórico, es una noción cuyo núcleo básico no debe confundirse con sus diferentes versiones y aspectos (neofeudalismo frente a democracia igualitaria, comunismo de la abundancia, etcétera)» (Žižek, 2025, p. 23). Sin embargo, creo que esta forma de interpretar el aceleracionismo podría desarrollarse mejor. Para ello, primero hay que conocer su origen conceptual.
Destaco, por tanto, el importante artículo de Rodrigo Santaella y Víctor Marques, titulado «Por una política orientada al futuro: la provocación filosófica y estratégica del “aceleracionismo de izquierda”» (2021), en el que los investigadores recuperan la genealogía del término «aceleracionismo». En el artículo, los investigadores afirman que fue en la obra de ciencia ficción de Roger Zelazny, Lord of Light (1967), donde se habría utilizado por primera vez el término «aceleracionismo», y también señalan que su debut académico habría tenido lugar en la obra de Benjamin Noy, en The Persistence of the Negative (2010) (Marques; Santaella, 2021, p. 374).
Dicho esto, sin embargo, creo que su idea filosófica más fundamental se encuentra precisamente en la famosa obra El anti-Edipo (1972), en la que Deleuze y Guattari formularon la noción de que, si, por un lado, el capitalismo tiende hacia un umbral de descodificación y desterritorialización (y también de reterritorialización), provocando un «cuerpo sin órganos», por otro lado, el reto no consistiría en resistirse a este proceso, sino precisamente en acelerarlo.
Así, Deleuze y Guattari se preguntaban: ¿Existe alguna vía revolucionaria contra los procesos de transformación social y subjetiva del capitalismo? ¿Nos retiramos del mercado mundial o intensificamos aún más la desterritorialización? Es decir, Deleuze y Guattari se preguntan si debemos evitar los efectos desestabilizadores que el mercado provoca en la sociedad y en los individuos, o si debemos radicalizar esos mismos efectos para provocar su agotamiento. Y responden: «Aguantar en el proceso, ir más allá, “acelerar el proceso”, como decía Nietzsche: en realidad, aún no hemos visto nada» (Deleuze; Guattari, 2004, p. 249).
En otras palabras, el aceleracionismo es un conjunto de ideas según el cual se defiende que los procesos históricos propios del progreso tecnocientífico del capitalismo, al menos desde la Primera Revolución Industrial, no deben interrumpirse, sino precisamente acelerarse con el objetivo determinista de garantizar el agotamiento de su modelo de producción de mercancías y de sujetos. Retomando a Noy, para Deleuze y Guattari, el problema del capitalismo no es que desterritorialice las relaciones y los sujetos mediante un «capitalismo desmesurado» (Nick Land), sino precisamente que no los desterritorializa lo suficiente, de forma radical y satisfactoria. Así pues, no se trata de apostar por las contradicciones inmanentes al capitalismo, sino, como dicen Santaella y Marques, de «refuncionalizar su infraestructura para objetivos poscapitalistas» (Santaella; Marques, 2021, p. 401).
Quizá esta cuestión sea aún más compleja porque es necesario hacer algunas aclaraciones previas hasta que se consiga formular un concepto de «aceleracionismo amazónico» que tenga sentido con el nombre del colectivo del que formo parte, el cual ha publicado ensayos en su propio blog. Así pues, una vez explicados el origen y su idea más general con la respuesta a la pregunta anterior, ahora puedo abordar la existencia de una cierta bifurcación en el concepto general de «aceleracionismo»: el aceleracionismo de derechas y el aceleracionismo de izquierdas.
Mientras que, por un lado, existe una perspectiva que defiende la aceleración de aquellos procesos de desterritorialización promovidos por el capitalismo, pero precisamente para lograr la disolución de sus formas reificantes y opresivas, en nombre de la emancipación de los sujetos en un mundo poscapitalista que no sienta nostalgia por la vida preindustrial; por otro lado, existe una perspectiva aceleracionista de derechas, que también busca la aceleración de estos mismos procesos, pero con otro fin: el de sobredimensionar el capitalismo hasta el punto de inaugurar una era transhumana o, incluso, poshumana, creando una zona de indistinción entre el cuerpo humano, con su organicidad, y un cíborg, de modo que ya no se podría hablar de «humanidad», sino de otra entidad, poshumana, indistinguible de la máquina.
Sobre esta bifurcación, conviene citar los pasajes originales de dos representantes importantes de lo que se entiende por «aceleracionismo de izquierda» y «aceleracionismo de derecha». A la izquierda, tenemos a Mark Fisher, con su artículo titulado Una mirada al aceleracionismo (2017), en el que afirma que «[el] aceleracionismo es también la convicción de que el mundo deseado por la izquierda es poscapitalista —que no hay posibilidad de volver a un mundo precapitalista y que no existe un deseo serio de regresar a ese mundo, aunque pudiéramos» (Fisher, en línea). Y, a la derecha, en su artículo «Una introducción rápida al aceleracionismo» (2017), tenemos a Nick Land, quien resume así su concepción sobre el tema: «El aceleracionismo es simplemente la autoconciencia del capitalismo, que apenas ha comenzado. («Aún no hemos visto nada.»)», y además critica a la izquierda revolucionaria al defender que: «La autodestrucción del capitalismo es lo que el capitalismo es. La “destrucción creativa” es su totalidad, si se le quitan sus retrasos, compensaciones parciales e inhibiciones. El capital se revoluciona más completamente de lo que podría hacerlo cualquier “revolución” extrínseca.» (Land, en línea).
Una vez explicados estos dos tipos de aceleracionismo, paso ahora a abordar una posible idea de «aceleracionismo amazónico». Pero antes hay que hacer al menos tres matizaciones:
1) que nos interesa abordar el tema del aceleracionismo desde la perspectiva de la Amazonía, como una tarea llevada a cabo por investigadores amazónicos;
2) que el «colectivo» que se da a conocer virtualmente en el blog del mismo nombre, y que organizó un «Coloquio Mark Fisher: El fin del mundo comienza con la destrucción de la Amazonía», en septiembre de 2025, en la Universidad Federal de Pará (UFPA), no mantiene necesariamente una uniformidad de ideas sobre el tema, ni defiende de manera general una ideología denominada «aceleracionismo amazónico». Nuestro enfoque sobre el tema es más crítico que apologético, más reflexivo que defensor de un conjunto de preceptos, aunque hayamos publicado un texto inaugural, con intención provocadora y polémica, en pleno desarrollo de la COP30, en Belém, escrito por nuestro colega Bräulio Rodrigues (2025), titulado «Manifiesto Aceleracionista Amazónico» (2025);
3) que somos conscientes de que este «amazónico» añadido al «aceleracionismo» en el título de nuestro blog se limita a un grupo de investigadores e investigadoras, profesores y profesoras de áreas como la filosofía, la historia, la antropología, la psicología y el derecho, de la ciudad de Belém (como Lílian Lobato, Matheus Castelo Branco, Felipe de Campos Ribeiro, Maurício Borba Filho, Bräulio Rodrigues y yo). Por lo tanto, este grupo no puede representar a toda la región amazónica que, como es sabido, es internacional y diversa en muchos sentidos distintos. De hecho, nuestro «colectivo» procede de una pequeña parte de la Amazonía, concretamente de la Universidad Pública de la Amazonía Oriental urbana.
Dicho esto, puedo abordar ahora otras dos cuestiones: que un «aceleracionismo amazónico» puede ser un conjunto de ideas, una imaginación artística, una ciencia ficción «amazónidofuturista», en definitiva, una teoría crítica marcada no solo por una cuestión «identitaria» localizada, elaborada por investigadores locales, sino también, y sobre todo, por la preocupación de reflexionar críticamente sobre la selva amenazada, con sus pueblos, sus culturas, sus tradiciones repartidas en diversas identidades, sus ciencias y tecnologías, sus arquitecturas, con sus historias, con su fauna y con sus sueños, ya sean despiertos o no.
De este modo, este colectivo concibió y llevó a cabo el «Coloquio Mark Fisher», en la ciudad de Belém, en la Amazonía brasileña, en memoria de un filósofo británico, sí, pero para reflexionar sobre sus provocaciones desde aquí y sesgadas por su «aceleracionismo de izquierdas», con un problema de partida, y no de llegada, citando aquí otro texto del colega Bräulio Rodrigues, al criticar el gran evento que tuvo lugar en nuestra ciudad, la COP30: ¿Por qué es más fácil pensar en el fin de la selva amazónica que en el fin del capitalismo?
El «aceleracionismo amazónico» pretende, pues, ser un aceleracionismo de izquierdas, siguiendo los pasos de Fisher, ya que busca construir una ontología del presente, crítica con la noción de que el futuro está cancelado, de que no habría otros mundos ni temporalidades posibles, en definitiva, una crítica al «realismo capitalista» como ideología, pero con un enfoque crítico específico en la dimensión colono-capitalista que hemos vivido desde el siglo XVII, y que se actualiza como una huella arqueo-genealógica en nuestra región en forma de neoimperialismos —cuando, por ejemplo, existe una relación sospechosa entre la minería ilegal en nuestra región y Starlink, del grupo empresarial de Elon Musk—.
El «aceleracionismo amazónico» es, en definitiva, una forma de avanzar en la crítica al llamado «realismo capitalista» concebido por Fisher y Frederic Jameson, pero desde el realismo en el que vivimos en la región amazónica, intentando, al mismo tiempo, dialogar con las sensibilidades antropológicas de una posible(s) escatología(s) de los pueblos indígenas como paradigma, puesto que, para ellos, a diferencia de la teología política eurocéntrica, el mundo, al menos tal y como lo conocían antes del capitalismo colonial, ya se ha acabado. Y ya se ha acabado varias veces, siendo la colonización —que aún continúa— uno de esos «apocalipsis».
Por mi parte, al tiempo que me interesa el tema del aceleracionismo, y me interesa abordarlo desde el punto de vista amazónico y con la crítica de Fisher al realismo capitalista, también mantengo una postura crítica y dialéctica ante el carácter progresista de la agenda aceleracionista, aunque sea de izquierdas. Me parece más interesante la dimensión de la heterodoxia marxista de Walter Benjamin en cuanto a la necesidad de frenar la locomotora histórica determinista del progreso, tanto del realismo capitalista como del sinofuturista. Y es a través de esta concepción crítica respecto al progreso tecnológico que creo que es posible y deseable escapar del determinismo histórico aceleracionista de todos los espectros.
Y esta postura crítica mía hacia el aceleracionismo se justifica, más concretamente, por mi escepticismo respecto a la viabilidad de cualquier forma de aceleracionismo cuando se piensa desde la Amazonía. Me refiero aquí a lo que propone Michael Löwy, según la entrevista concedida a Boitempo titulada «Ecosocialismo por Michael Löwy» (2011), en la que plantea una convergencia entre la reflexión ecológica y la reflexión socialista con el objetivo de hacer realidad «(…) no solo un nuevo modo de producción y una sociedad más igualitaria, más solidaria y más democrática, sino también a un modo de vida alternativo, una nueva civilización ecosocialista, más allá del reino del dinero, de los hábitos de consumo inducidos artificialmente por la publicidad y de la producción infinita de mercancías inútiles» (Löwy, en línea).
Así pues, incluso la defensa que hace Fisher de una aceleración del proceso de desterritorialización en nombre de una vida poscapitalista —pero que no sea primitivista— requiere una reflexión crítica cuando se analiza desde la perspectiva de la Amazonía. Y una reflexión que tenga en cuenta la crítica ecosocialista a toda aceleración. El final poscapitalista queda abierto porque debe tener en cuenta también la barbarie que los proyectos futuristas, aunque sean socialistas, pretenden prometernos. De ningún modo se trata de una defensa nostálgica ni de un romanticismo vulgar y melancólico. Sino quizá de otro tipo de romanticismo, acogido críticamente por Benjamin.
Sobre esto, Löwy defiende en un texto de su libro Anticapitalismo romántico y naturaleza: El jardín encantado (2021):
(…) Benjamin expresa varios topoi [lugares comunes] clásicos de la Zivilisationkritik [crítica a la civilización] romántica: la transformación de los seres humanos en «máquinas de trabajar», la degradación del trabajo a mera tecnología, la sumisión desesperada de los individuos a la mecánica social y, sobre todo, la sustitución de los esfuerzos «heroicos y revolucionarios» del pasado por la lamentable marcha del progreso, el «avance de la evolución similar al del cangrejo». Lo que más revela esta última observación es la distorsión que Benjamin da a la tradición romántica. La deconstrucción de la ideología del progreso no se lleva a cabo en nombre del conservadurismo o de la restauración, sino de la revolución. (…) Contra la «tendencia amorfa del progreso», con su concepción lineal del tiempo, Benjamin elogia el poder crítico de las imágenes utópicas, como la idea de la Revolución Francesa de 1789 y el reino mesiánico». Otro tipo de momento utópico se encuentra en el «espíritu tolstoiano» [León Tolstói] de servir a los pobres, que se desarrolló en las «ideas de los anarquistas más profundos y en las comunidades monásticas cristianas». En un atajo típicamente romántico y revolucionario, el pasado religioso y el futuro utópico se asocian bajo la inspiración común del escritor ruso, socialista libertario y cristiano (Löwy, 2021, pp. 115-116).
En cuanto a la posibilidad de salir del determinismo aceleracionista, me gustaría recordar que la «salida» benjamino-löwyana se enfrenta a una paradoja: el freno de la locomotora de la historia del progreso capitalista, que va dejando escombros a su paso, como huellas de la barbarie producida por la civilización colono-imperial, que es racista, esclavista, patriarcal, belicista-atómica, y que, ahora, se presenta en su versión neoliberal, es, en realidad, una interrupción de las fuerzas que frenan la llegada mesiánica-revolucionaria redentora, la cual es, a su vez, también un «freno de emergencia» del movimiento acelerado de la historia burguesa
En términos aún más sencillos: la aceleración de la desterritorialización capitalista provoca la anomia apocalíptica, al mismo tiempo que, paradójicamente, permite la llegada, la oportunidad de la fuerza mesiánica. Pero esto desde el punto de vista judeocristiano. Pues lo que nos gustaría saber, desde aquí, desde la Amazonía, es: ¿De qué manera se ve afectado el territorio amazónico por la aceleración de su desterritorialización capitalista, iniciada con la invasión colonial ibérica? ¿Y en qué medida la Amazonía y sus pueblos pueden aportar a este debate, tan lleno de paradojas teológico-políticas y temporales? ¿Cómo se puede concebir un aceleracionismo en un territorio en el que el fin del mundo ya ha tenido lugar?
Estas cuestiones siguen estando en la estela del léxico forjado no solo por la teología de San Pablo —para quien el tiempo «se ha acortado», como dice en la Primera Carta a los Corintios (7:29)—, sino también por Carl Schmitt, Benjamin, Jacob Taubes, Giorgio Agamben y Massimo Cacciari. Lo que más interesa, sin embargo, es cómo podemos entablar un diálogo entre dicha teología política y el pensamiento de Fisher —«ese Walter Benjamin del siglo XXI», como dijo Amauri Gonzo en su Presentación a la edición brasileña de Fantasmas de mi vida (2014) (p. 12)—, además de otras posibles cosmovisiones escatológicas, desde la perspectiva amazónica.
A principios del mes de marzo de este año 2026, el filósofo reaccionario y eurasiatista Alexander Dugin publicó un texto en el que proponía una especie de «aceleracionismo ruso». Dugin defiende el gobierno de Putin y se opone a lo que él denominó «escatología de Baal», al afirmar que toda la ideología liberal aceleracionista de Silicon Valley conduce «a Epstein» y a sus perversiones. Este texto de Dugin parece, por un lado, defender el Kátechon (Segunda Carta a los Tesalonicenses 2:6-7), como fuerza que frena la anarquía anticristiana aceleracionista, ya sea de derechas o de izquierdas; y, por otro, defender una especie de aceleracionismo regionalizado, un aceleracionismo propio, uno que sea ruso —euroasiático y ortodoxo—, regido por otros principios, contra el liberalismo, contra el sionismo, contra la llamada «agenda woke», así como contra la agenda de los tecnocapitalistas de Silicon Valley.
Bueno, hablando solo por mí, obviamente —pero creo que sin discrepar demasiado del colectivo que organiza nuestro blog—, pienso que el aceleracionismo amazónico es objeto de estudio y de crítica, pero que también puede reformularse desde la perspectiva del aceleracionismo de izquierda, con Fisher, pero también a partir de él, en diálogo con las perspectivas amazónicas, en la crítica al capitalismo, sin rendirse a ningún ideal reaccionario o neorreaccionario, supremacista, oligárquico y tecno-ocultista, conservador, ni rendirse a ningún tipo de aislamiento romántico vulgarizado, víctima de un relativismo ingenuo.
El objetivo es reflexionar sobre la práctica de la emancipación de la Amazonía y de sus pueblos tradicionales. Y, para ello, hay que tener cuidado con la adhesión al aceleracionismo, incluso en su versión «de izquierdas». Pues, si «el futuro es ancestral», como dice Ailton Krenak, en contra de la aceleración de los procesos de desterritorialización de los que hablaban Deleuze y Guattari, también podría advertir: «Cuando hablo de posponer el fin del mundo, no me refiero a este mundo en colapso. Este tiene un esquema tan violento que lo único que deseo es que desapareciera (…)» (Krenak, 2022, p. 21).
A este respecto, el texto de mi colega Lílian Lobato muestra las diferencias entre la filosofía indígena de Krenak y el pensamiento de Fisher: «El “fin del mundo” al que se refiere Krenak no se limita a un colapso medioambiental: simboliza la ruptura de un estado ilusorio de placer y consumo que bloquea la percepción de otras formas de existencia. La caída, en este horizonte, no debe temerse, sino vivirse como disfrute y apertura a la creación (…)» (Lílian Lobato, en línea).
Así, el aceleracionismo amazónico puede abrir espacio para posibles diálogos con otras cosmovisiones. En el texto de nuestro colega Matheus Castelo Branco, por tanto, podemos ver el esfuerzo por establecer límites al aceleracionismo desde la perspectiva amazónica y de sus pueblos: «El aceleracionismo opera dentro de un marco que da por sentada la posibilidad y la conveniencia de una aceleración uniforme de los procesos sociales y tecnológicos. Las cosmovisiones amazónicas, por el contrario, nos recuerdan que diferentes modos de existencia pueden exigir diferentes temporalidades, diferentes ritmos, diferentes velocidades.» (Matheus Castelo Branco, en línea).
Por eso, creo que es necesario mantener siempre lo que Hans Jonas denominó «heurística del miedo» y «principio de responsabilidad»: una postura de cautela, temor y, en definitiva, de crítica incluso ante las promesas tecnológicas, con responsabilidad ética hacia las generaciones futuras en lo que respecta a las decisiones técnicas. Y del mismo modo que la Escuela de Fráncfort formuló su crítica a la Ilustración, también es necesario formular una «dialéctica del aceleracionismo» adecuada. Dicha dialéctica puede ser la salida al determinismo histórico del que hablaba Žižek sobre este tema. Una dialéctica que tenga en cuenta el giro descolonial y, con ello, el hecho de que la «aceleración» puede ser solo otra forma más de «caída del cielo» (Davi Kopenawa), de genocidio, del fin de un mundo o, incluso, de mundos.
El debate y la aportación amazónica sobre el aceleracionismo, por lo tanto, siguen abiertos. Y lo que también sigue abierto, incluso como forma de escapar, una vez más, del determinismo histórico aceleracionista, es la capacidad amazónica de imaginar otros futuros posibles, aunque sea a través de su negativo distópico, que sirva de alerta ético-estética mediante el contraejemplo que no nos robe nuestra imaginación redentora y utópica (Ernst Bloch), sino que nos alerte sobre el futuro con temor (Jonas). Me refiero aquí a artistas de Belém, como, por ejemplo, aquellos que están reflexionando sobre el futuro urbano en la Amazonía, tal y como lo hace el arte gráfico de Keoma Calandrini (2025), junto con su investigación académica sobre el tema, además de la literatura de ciencia ficción de Clara Gianni (2019).
La salida al determinismo histórico aceleracionista puede estar, pues, en la acción política organizada, cuando en esta práctica se incluye también el arte y, no hay que olvidarlo, la investigación académica seria, llevada a cabo en una universidad pública y gratuita, aunque este espacio se encuentre precarizado de forma muy deliberada por medidas neoliberales —aceleradas—.
Unas últimas palabras, en definitiva: hay que saber que se puede dar otro uso a los dispositivos, recordando que el poder es un «trono vacío» (Agamben) porque, como defiende Andityas Matos (2022), es en el fondo «an-árquico». El poder, pues, conlleva un fetiche (hechizo) sobre sí mismo: oculta su propia falta de fundamento, aunque sus efectos necropolíticos y financieros sean bastante concretos, materialistas, con graves consecuencias subjetivas, psicológicas y físicas. Aun así, si logramos ejercer la debida crítica a los poderes y al fetiche que los rodea, incluso en nombre de cierto «aceleracionismo», entonces quizá sea posible crear nuevas formas de vivir, dejar que se agoten algunos mundos obsoletos, cancelar la inminente guerra mundial y el apocalipsis ecológico, y dar la bienvenida a un mundo transmutado, que tal vez ni siquiera sea futurista. Pero que está por llegar.
Referencias
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